miércoles 1/12/21
OTRA PIEDRA EN EL ZAPATO

La chapuza de la ERI en Baleares

* Nuestra capacidad de sorpresa  -e indignación- parece no tener límites con la esperpéntica sucesión de capítulos que ha orquestado la administración educativa y el delegado insular de la CIE

* Coincidirán con nosotros en que fueron demasiadas las campanas que se lanzaron -con bombo y platillos incluidos- para quedar en tan poco

Migajas de pan
Migajas de pan

Que la CIE no funciona no es ningún secreto. Que su existencia supone más un obstáculo que una ayuda, tampoco. Cualquiera que haya llegado a estas conclusiones no necesita tener dotes de mago ni estudiar complejos algoritmos, tan solo hacer una lectura objetiva de los capítulos que la actualidad va poniendo a nuestro alcance.

La extraordinaria sinergia que mantiene la CIE con la administración da para mucho, siendo ya habitual encontrar ciertos elementos comunes que nos resultan familiares por “naturaleza” y donde una vez más, la vuelta a la indiferencia y el desaire se alzan como protagonistas.

Lo esperado llega y de qué manera. Podríamos decir que esta semana ha comenzado la ERI (Enseñanza religiosa islámica) en las Islas Baleares, pero a lo bajín como dicen por allí, y reduciendo, en todo caso, la existencia de las tres islas a dos colegios. Coincidirán con nosotros en que fueron demasiadas las campanas que se lanzaron -con bombo y platillos incluidos- para quedar en tan poco. Y, si no, que se lo pregunten a las familias que han seguido este proceso, más parecido a un culebrón de sobremesa que a una actuación normativa. Y es que, nuestra capacidad de sorpresa – e indignación- parece no tener límites con la esperpéntica sucesión de capítulos que ha orquestado la administración educativa y el delegado insular de la CIE.

La gesta de las personas que consiguieron informar a las familias y registrar más de 900 solicitudes de menores que aspiraban a cursar la ERI en sus colegios e institutos, fue rápidamente empañada, utilizada e infravalorada por quienes tenían la obligación de darle cumplimiento.

El anuncio de la firma de un convenio que normalizara el acceso de esta asignatura -de libre elección dentro de las obligatorias- daba la pista de las verdaderas intenciones de su reconocimiento: la implantación, en un máximo diez centros educativos en todo el territorio insular, que dejaría al margen a la mayor parte de centros y alumnado.

Esta falta de compromiso, seriedad y voluntad en atenderla, se ha puesto de manifiesto en los tres años de retraso que tanto Educación como la CIE han consentido. El cruce de versiones ambiguas, contradictorias y, en no pocas ocasiones acusatorias entre ellos, ha dado un espectáculo inverosímil al que nunca antes habíamos asistido. Una imagen bochornosa y ciertamente reprobable que, además, ha llevado a la ERI a extremos de reducto de tercer nivel. 

Olvidados e ignorados han quedado los derechos de los menores que no tienen el privilegio de asistir a los dos únicos centros en los que finalmente se ha implantado. Resulta curioso considerarlo un privilegio cuando tan solo se ha contratado a una única docente y cuando dichos centros se encuentran muy alejados de la ciudad.  La negligencia e inoperancia de la CIE es casi tan obvia  como grave. No ha sido capaz de proponer docentes que reunieran el perfil exigido, quedando sin cubrir un centro asignado para tal fin. Bueno...todo será porque tres años no han sido suficientes...

Esta chapuza en la gestión de la ERI no es una muestra casual, un sumatorio al que esperar le siga otra. No puede ni debe serlo. La comisión técnica de educación de la CIE no resuelve nada: carece de orden, formación y de un mínimo conocimiento sobre la ERI y la legislación que la regula.  Por no tener, no tiene ni un proceso selectivo con baremación pública.

Ante este escenario la administración puede estar bien contenta pues, contar con un órgano que se conforma con unas cuantas migajas le resultará cómodo y bien avenido. La forma de actuar de la CIE trae como efecto la pérdida de confianza y el incremento de la desafección hacia ellos como “negociadores” . Ni siquiera se molestan en ocultar que actúan al margen de sus comunidades. Una actitud que acrecienta la conciencia ciudadana de que no nos representan.

Si su cometido no es otro que defender los derechos civiles de índole religioso, la ciudadanía responsable y comprometida, consciente de la gravedad de estos hechos, consideramos que quienes actúan de manera negligente – por no decir intencionada- en la defensa de su cometido, debieran apartarse definitivamente para evitar el daño que sus gestiones están ocasionando.

Ahora, lector, de tí depende que actuaciones como estas sean de edición limitada.

La chapuza de la ERI en Baleares
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