miércoles 1/12/21
LAS CERTIFICADORAS NO DESTINAN NI UN CÉNTIMO A LAS COMUNIDADES MUSULMANAS

El síndrome del Tío Gilito

* Uno de los grandes fracasos de la CIE es la no normalización del halal en España. Una tarea contenida en el Acuerdo del 92. Sin embargo, transcurridos 29 años, aún sigue sin realizarse

* Algunas certificadoras llevan muchos años enriqueciéndose gracias al consumo de los ciudadanos musulmanes,  sin aportar un céntimo a la comunidad a la que deben sus ingentes ingresos

Avaricia
Avaricia

La figura de un pato saltando sobre montañas de dinero, nadando en su riqueza y atormentado por los ladrones, se asemeja con mucho, a ciertas certificadoras que sueñan con hacerse de oro, sin ética conocida ni justa retribución. Hablamos del halal.

Las certificadoras halal con sede en España no cuentan con un reglamento armonizado que permita una gestión homogénea de los productos y servicios halal en España.

Es todo un caos. Certificadoras que hablan de no aturdimiento, pero con sombras; otras que sí aceptan el aturdimiento bajo todas sus modalidades ( electronarcosis, pistola con perno cautivo, gas,...); otras que arguyen condicionantes en lenguajes poco entendibles para consumidores y usuarios, etcétera, etcétera. Lo cierto es que después de 29 años de CIE no existen unos estándares halal en España, ni parece que los vaya a haber en los próximos años, dado el perfil y la escasa definición de la CIE como entidad promotora de unos servicios.  Una entidad cuya evidente falta de capacidad  impide garantizar los derechos de la ciudadanía musulmana a la hora de adquirir productos y servicios catalogados como halal.

La ausencia y manifiesta incapacidad de la CIE para acometer estos asuntos, no solo ha derivado en una situación de desequilibrio que afecta gravemente a los consumidores musulmanes, sino que afecta, también, a la financiación de toda la comunidad musulmana en general, es decir, a cerca de tres millones de personas, pues, la CIE al inhibirse del asunto halal, favorece y refuerza el carácter mercantilista de las certificadoras. En consecuencia, las certificadoras de productos y servicios halal en nuestro país -constituidas como empresas-  obtienen ingentes ingresos económicos año tras año, sin revertir, por contra, ni un solo céntimo en beneficio de la comunidad a la que deben su existencia, pues, gracias a los consumidores musulmanes pueden presumir de poder e influencia social y económica.

Resulta vergonzoso leer, en algunas webs de certificadoras halal, que cuentan con más de 500 empresas como clientes en su medallero; más aún si accedemos a cuentas en Registros Mercantiles, con cifras igual de mareantes como sorprendentes. Una exhibición, sin duda, de mucho brillo para tanta sombra, pues… ninguna presume de haber construido un comedor social, una escuela o  haber participado en labores sociales de forma clara y eficiente. Nada, de eso no hay nada: todas sus ganancias van a sus bolsillos. Tal vez hayan aprendido de la CIE y de sus chupasangres territoriales, que no son pocos.

La situación del  Halal en España es una auténtica burla, un escarnio al que debe ponerse fin, pues resulta inaceptable que, a estas alturas, no exista una autoridad que fije unos protocolos de uso común para todas las certificadoras -sin olvidar todos aquellos establecimientos que cuelgan el cartel “Halal” sin mayor legitimidad que su propio parecer-. Protocolos de uso así como un manual de buenas prácticas que impida el juego sucio de alguna que otra certificadora  que pretende establecer pautas ilícitas -o qué menos que de dudosa credibilidad-, como hegemónicas en todos los ámbitos de la sociedad.

La CIE ni fue valiente ni fue eficiente. Le bastaba con algunas palmaditas en la espalda para sentirse bien. Nunca hizo nada para acabar  con el  desconcierto que acumula el halal en España y que tanto daño causa al conjunto de la sociedad musulmana. Es hora de establecer protocolos éticos y morales en torno a los productos y servicios destinados a los consumidores musulmanes. Hora, también, de acabar con los aprendices del Tïo Gilito y el mercadeo inclemente del Halal.

El Halal es una enseña que debe unir a los musulmanes independientemente de su forma de su pensamiento. Por eso, y porque el Halal es de todos, urge iniciar los procedimientos necesarios para que la normalización del Halal en España sea una realidad, pudiéndose alcanzar ese objetivo si se hace desde una perspectiva honesta y transparente, dejando a un lado a quienes ya han demostrado que para ellos el Halal no es más que “un buen negocio” y  los consumidores musulmanes  la herramienta adecuada para seguir enriqueciéndose.

Ni el pato Donald ni sus sobrinos salieron nunca bien parados ante la avaricia de su tío. La ingenuidad de los musulmanes en lo relacionado con el halal, tampoco.

El síndrome del Tío Gilito
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