jueves 17/6/21

CIE, CIE2 Y CIA, historia de un fracaso

* Este mes se cumple el décimo aniversario de otro fiasco

* Hace diez años, cinco miembros de UCIDE, junto a Yusuf Fernández, secretario de FEME; Mounir  Benjelloun, vicepresidente de la FIRM y Amparo Sánchez, presidenta del CCIV, constituyeron la junta gestora que, tres meses más tarde, culminaría con la inscripción del Consejo Islámico Español en el registro de entidades religiosas

 

 
 

 CIE OK
CIE OK

Que la CIE nació dividida y forzada a firmar el Acuerdo de Cooperación so pena de quedarse con las manos vacías lo sabemos desde hace tiempo; que las desavenencias internas entre ambas secretarías hicieron descarrilar cualquier viabilidad de funcionamiento, también es de conocimiento popular. Lo que no se sabe, o no tanto, es que, ante tamaña amarga derrota, UCIDE – la CIE en la sombra- soñó con hacerse mayor y crear una entidad paralela con la que campar a sus anchas en el intrincado terreno de la interlocución. Para conseguirlo tan sólo tenía que librarse del “estorbo” de su socio.  Y vaya si lo hizo.

En abril de 2011, UCIDE, pertrechada de sus ínfulas de grandeza y arropada por 12 de las 13 federaciones que entonces figuraban inscritas en el registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia, creó CIE2: el Consejo Islámico Español.

Con domicilio en la mágica dirección de Anastasio Herrero, 5 -confluencia de numerosas entidades cuyo exponente común es el apellido de “islámicas,”- nació este nuevo órgano en cuyas entrañas se gestaba la más alta aspiración de representar a los musulmanes de España y contar con el ambicioso reconocimiento de interlocución ante el Estado. 

La estrategia utilizada por UCIDE para llevar a cabo esta gesta –o golpe de poder- fue vestirse el sayo de víctima desamparada y solidarizarse con los excluidos del entonces fallido sistema de configuración de la CIE. Con la excusa de bloqueo constante e “imposibilidad de modificar los estatutos de la CIE por falta de consenso en la misma, lo que ha impedido el acceso al órgano representativo de otras entidades federativas islámicas”, Tatary pretendía justificar la creación de este ente alternativo en el que, por supuesto, no estaría presente quien consideraba el causante de tales males.
Para quienes asistían inocentes a este acontecimiento, sus palabras revestían cierta luz de esperanza y apertura de una nueva era: “creemos firmemente que el Consejo Islámico Español nace con el espíritu de poder integrar a todas las entidades islámicas inscritas en el Ministerio de Justicia, y con el afán de profundizar en la práctica del Islam en España dentro del marco constitucional y legal del respeto a los principios de la convivencia democrática”. Faltaría más.

Sin embargo, el artículo 1 de sus estatutos, vislumbra claramente cuáles eran sus inmaculadas intenciones; “Se constituye el Consejo Islámico Español… para la adecuada interlocución con el Estado y, en particular, para el desarrollo y aplicación del Acuerdo de Cooperación aprobado por Ley 26/1992, de 10 de noviembre”, detallando la finalidad exclusiva para el cual se constituyó “… a los solos efectos del desarrollo del Acuerdo de Cooperación con el Estado y para facilitar la interlocución con las Administraciones públicas en los asuntos de interés común y cooperación mutua” (apartado 1, artículo 5) ¿Acaso no son estos los fines de la CIE?

Cinco miembros de UCIDE, junto a Yusuf Fernández, secretario de FEME; Mounir  Benjelloun, vicepresidente de la FIRM y Amparo Sánchez, presidenta del CCIV, constituyeron la junta gestora que, tres meses más tarde, culminaría con la inscripción del Consejo Islámico Español en el registro de entidades religiosas.

Todo parecía ser una magnífica quimera en la que los participantes estaban “muy satisfechos, porque, por fin, todos los musulmanes tendrán una misma institución en la que poder ser representados; es algo muy positivo para nosotros” declaraba Benjelloun, subrayando que pedirían al Ministerio de Justicia la extensión del Acuerdo de 1992 firmado con la CIE al nuevo Consejo Islámico Español (CIE2).

Por supuesto, Mohamed Hamed Alí, presidente de la FEERI por aquel entonces, no integrada en la nueva entidad y marginada dentro de la CIE, manifestaba que su creación había sido “un parto prematuro, provocado incluso por la propia administración”, lamentando que no se le hubiera dado más tiempo a la CIE para evidenciar su “apertura”, y sosteniendo, aun así, que a su federación no les quitaba “el sueño”.

Al CIE2 no le bastaba con quedarse solo ahí, en Anastasio Herrero,5, sino que pretendía instaurar su propia idea en cada rincón del país creando la CIA, Consejos Islámicos Autonómicos, prometiendo puertas abiertas para todos.

Una de los principales y más apremiantes encargos de la junta directiva de esta nueva institución, sería entablar conversaciones con el Gobierno para solicitar la apertura de las subvenciones destinadas a la comunidad musulmana, toda vez que habían sido paralizadas porque, según sostenía Benjelloun, la CIE era “antidemocrática”.

Una versión distinta recoge la Fundación Pluralismo y Convivencia (FPyC), entidad encargada de dispensar tales subvenciones, al referirse en su memoria anual de 2010 que, “debido al proceso de reestructuración interna de la Comisión Islámica de España (CIE) no presentaron la solicitud de ayuda de acuerdo a las condiciones establecidas en la Convocatoria, por este motivo el Patronato de la Fundación decidió hacer una reserva de 623.500 € para un proyecto futuro de toda la confesión musulmana”.  Resulta difícil comprender la concesión de esta asignación dineraria cuando el normal proceder de la administración ante una solicitud que no se ajusta a las normas de la convocatoria, es denegarla. La sorpresa es aún mayor cuando UCIDE se llevó la suculenta cantidad de 321.356,18 €.

El papel de mediación desarrollado por la subdirección general de Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia y de la FPyC fue imprescindible para propiciar esta “fórmula de articulación de las propias comunidades musulmanas” que, en palabras de José Mª Contreras, subdirector general de Relaciones con las Confesiones, era “la culminación de un proceso ya iniciado hace tiempo”, viniendo a reconocer lo que era evidente; que la CIE hacía ya tiempo que rompía aguas y se hacían necesarias labores urgentes de fontanería.

Por una parte, se reconoce una falta de entendimiento constante entre los secretarios de la CIE que hacía inoperativa e insostenible su continuidad; la necesidad de incorporar al resto de federaciones para que la CIE pudiera ser reflejo del Islam en España y hacer real dicha interlocución. Por otra parte, el nuevo órgano creado, CIE2, prometía una estructura plenamente democrática que atendía también, según fuentes extraoficiales, a abandonar la tesis de un Islam extranjero y dependiente de otros países que impedían la plena inserción de los ciudadanos musulmanes residentes en España.

Han transcurrido diez años desde que se culminó el proyecto de CIE2, y nada ha cambiado. A los pocos meses de registrar CIE2, el Gobierno debió pensárselo mejor volviendo sobre sus pasos y afianzar la CIE con la promulgación del Real Decreto 1384/2011, de 14 de octubre que permitía la inscripción en la CIE de toda comunidad o federación islámica legalmente registrada.  

Si realmente el objetivo de crear CIE2 y sus CIAs era “acabar con las desigualdades que impedían a muchas organizaciones islámicas una presencia normalizada”, tal y como manifestó la presidenta del CCIV Amparo Sánchez, debemos preguntarnos, que menos, para qué sirvió.

La incorporación de estas entidades en la matriz de la CIE no ha supuesto cambio alguno para el conjunto de la sociedad, menos aún para la comunidad musulmana en particular. La CIE, dominada y presa de la UCIDE, continúa siendo totalmente asimétrica dirigiéndola de todas las formas posibles menos “democrática”, incumpliendo de forma reiterada y con alevosía, sus propios estatutos y ninguneando a estas entidades.

Ni en la Comisión Permanente ni en la junta directiva, así como en ninguno de sus órganos, atiende sus peticiones, preguntas y aportaciones; nombra a dedo a los responsables de las comisiones técnicas eligiendo solo a miembros de UCIDE, no convoca las reuniones cada tres meses y menosprecia cualquier intento de diálogo. Si este era su propósito, queda claro que CIE2 murió en el parto.

Comunidades constituyentes del Consejo Islámico Español:

1. Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE).
2. Consejo Islámico Superior de la Comunidad Valenciana (CISCOVA).
3. Federación Musulmana de España (FEME).
4. Federación Consejo Islámico de Cataluña (FICAT)
5. Federación Musulmana de La Comunidad Valenciana (FEMCOVA)
6. Federación Islámica de Cataluña (FIC)
7. Federación Agrupaciones Islámicas por la Convivencia En España (FAICE)
8. Federación Islámica Para La Comunidad Autónoma de Las Islas Baleares (FICAIB)
9. Federación De Comunidades Musulmanas Africanas de España (FCMAE)
10. Federación Islámica de Andalucía (FIDA)
11. Federación Islámica de La Región de Murcia (FIRM)
12. Federación de Comunidades Musulmanas de Castilla-La Mancha (FECOM)
 

Cabe destacar que, finalmente, ese mismo año 2011, y ya como miembros de la CIE, la FIRM, FEME, CISCOVA, FAICE, FCMAE, FEMCOVA, FIC, FICAIB Y FIDA, además de UCIDE, recibieron subvención de la FPyC (Línea 1). Al menos tanto trabajo, les “mereció” la pena.

Tantas entidades, tantos presidentes, tanto dinero… el resultado en beneficios obtenidos por los musulmanes, gente sencilla y trabajadora, es cero.

Como quiera que no existe tribunal al que llevarles, solo nos queda exigir que se les someta a pruebas de conciencia, y que sea el Creador de todas las cosas el que les exija cuentas, pues aquí, en España, país que les dio tanto dinero y “reputación”, no consta ninguna acción o construcción en beneficio de los musulmanes.

Desde aquí, pedimos al Gobierno que audite a CIE-UCIDE desde su creación, y busque destino de hasta el último céntimo, pues más que entidad religiosa, lo que han enarbolado es  banderín de bucaneros insaciables.

 

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