jueves 17/6/21

CIE, servilismo crónico

* El desarrollo de los acontecimientos acaecidos en los últimos días, especialmente durante este fin de semana, exigen analizar seriamente diversas cuestiones de gran relevancia que incumben a todos, especialmente, a la comunidad musulmana

* La justicia debe ser real y urgente la búsqueda de una solución que respete a ambas partes. No puede haber justicia ni derechos asimétricos

* Cuando la FCJE defiende el derecho a protegerse, la CIE, en cambio, se empeña en neutralizar la defensa por la justicia y la solidaridad con el oprimido, encomendando a los musulmanes a la plegaria e intercesión divina como único remedio, esterilizando con ello, el alma de todo ser vivo. Una vez más, las siglas de la CIE ejercen un potente efecto somnífero para afrontar la realidad

 

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El desarrollo de los acontecimientos acaecidos en los últimos días, especialmente durante este fin de semana, exigen analizar seriamente diversas cuestiones de gran relevancia que incumben a todos, especialmente, a la comunidad musulmana.

El pasado 15-M -coincidiendo con el décimo aniversario de una fecha histórica en cuanto a movilización ciudadana por un cambio en la forma de entender la política democrática y participativa de este país, - se desarrolló una reunión ordinaria de la Comisión Permanente de la CIE en la que se evidenció, una vez más, la incapacidad de la CIE para ofrecer un horizonte que atienda las demandas, expectativas e ilusiones de los musulmanes de España.  

Para quienes venimos viviendo de cerca las turbulencias que provoca el cáncer endémico que padece - y pretende extender-, resulta difícil de explicar el orden del día de la pasada reunión; un orden del día que resulta bastante alejado de la realidad en la que vivimos los ciudadanos. Unas cuestiones que apenas requieren quince minutos en su tratamiento, son una burla y un gesto de menosprecio para quienes aún esperan algo de ellos.

Informar con retraso sobre noticias que ya se han conocido por otros medios, acordar un comunicado qué menos que vergonzoso y autorizar el incremento de su séquito clientelar con subdelegaciones autonómicas cuando ni siquiera sus delegados autonómicos han dado muestras de una mínima eficiencia, es, a todas luces, otra tomadura de pelo a los millones de musulmanes a los que creen representar.  No convocaron una reunión extraordinaria cuando las detenciones del pasado mes de marzo así lo exigían, tampoco ahora han estado a la altura de las circunstancias para abordar un preceptivo orden del día, más allá del ánimo de lavar la cara y cubrir el expediente.

Lo cierto es que después de tantos años de esperas y promesas no se ha emprendido ningún cambio profundo en su sistema organizativo. En esencia siguen dificultando la participación y dando la espalda a cualquier gesto que encierre rasgos democráticos.

Actualmente, entre las entidades que conforman la CIE, las hay invisibles más allá de sus siglas; algunas que, aún con el derecho reconocido, no quieren participar; también se encuentra la que se queja de que, aun queriendo no la dejan acceder al enlace de la reunión, mientras otra lleva tiempo autoexcluida, resignada en una posición fatalista de la que no sabe cómo salir. Sólo una, la misma de siempre, permanece en pie erguida como tótem monolítico que sigue haciendo juegos de equilibrista en un intento de mantener en pie su taifa de amigos y tropa de enchufados.

A pesar de que ha habido ciertos reclamos de quienes se han atrevido a mostrar su desacuerdo ante esta situación despótica de férreo control de ordeno y mando, proponiendo la ficticia ilusión de promover una profunda reflexión sobre el deterioro que le afecta y esbozar una alternativa en torno a demandas de profundización democrática, reconocimiento y cómputo real de las entidades islámicas,  pilotando además una pretendida “Mesa del Diálogo”, lo cierto es que nada ha cambiado, como tampoco el Estado se ha tomado en serio este desafío.

La precariedad democrática y religiosa de quienes ocupan la CIE, evidencian que la situación actual es, en muchos aspectos, peor que años atrás. Es una herida que no cicatriza no sólo por falta de saber, respeto y práctica democrática, sino también moral; su práctica diaria atenta contra los principios y valores que promulga el Islam. Podemos resumir que, tras 29 años, los musulmanes de España no solo vivimos las condiciones sociales, políticas, económicas y sanitarias de nuestro tiempo, sino, además, hemos de añadir la lacra de tener la CIE tal y como hoy está configurada.

 

Palestina

Fruto de dicha reunión, sorprende el consenso unánime alcanzado en la CIE para publicar una nota de prensa sobre la situación que sufre Palestina.

Sería cuando menos simplista afirmar que dicha nota de prensa ignora la situación real que sufre el pueblo palestino, así como que no por ello es menos incomprensible proviniendo de personas que, a su vez, conocen el dolor de la muerte y violación de los derechos humanos en otros pueblos de los que son originarios y vecinos de Palestina.

Tenemos la firme sospecha de que la publicación de dicha nota -una vez revisada y corregida- no estaba en sus planes, pues tiempo tuvieron de haberla difundido el mismo día del inicio de los ataques militares.  Podemos deducir que su motivación ha respondido más a las presiones ciudadanas y las críticas alcistas ante su incomprendido silencio, que por propia voluntad.

Cuando asistimos a una cruenta y sangrienta escalada de la violencia, cada día más devastadora, todavía muchos se inclinan por emitir unas frases ajustadas y acomodadas al discurso estándar que no moleste demasiado. Lo que revelan las palabras que se reproducen a continuación, no evidencian sino la verdadera cara, degradación y falta de escrúpulos que anida en la CIE.

Mediar”, “…elevar nuestras voces ante las instituciones nacionales e internacionales que puedan implicarse de forma efectiva para la protección de seres humanos...” y apelar “al respeto del derecho internacional y la libertad religiosa…” para salvaguardar los templos religiosos, es lanzarnos contra un muro de cristal del que todos sabemos que luce cómodo y diplomático en resoluciones grandilocuentes pero que se queda en papel mojado cuando del estado de ocupación sionista se refiere.

“… nos sumamos y expresamos nuestro apoyo a las declaraciones de las autoridades de España y de la Unión Europea con el deseo de una paz pronta y duradera, animando a mediar en lo posible entre las partes…”.

Leer estas palabras resulta lacerante, pues pretenden decir algo y a la vez posicionarse neutrales.  Es inadmisible la connivencia que mantiene con las instituciones que toleran, permiten y callan ante el ruido de los bombardeos, ante el clamor de cientos de muertos y miles de heridos en una escalada de violencia totalmente asimétrica, en el que la huella de la destrucción antecede y precede al genocidio cómplice y calculado de un pueblo entero.

El pueblo palestino está sufriendo un apartheid sin precedentes en la historia; paulatino, programado y autorizado con la complicidad de grandes potencias e instituciones, organismos internacionales y muchas voces incluso musulmanas. La comunidad internacional desprecia el valor de la vida y sus decálogos éticos cuando Israel es quien ataca, cuando, además, victimizan al opresor consintiendo su expansión colonialista y de ocupación que conduce, innegablemente, a la negación y extinción de este pueblo.  Que la CIE, nuestro pretendido máximo órgano de representación de los musulmanes, se alinee con el Estado asumiendo su postura condescendiente ante este genocidio, es un ultraje a todos los palestinos y palestinas que están muriendo a cada segundo. Su declaración es abyecta, vejatoria y deshonrosa para toda persona y todo musulmán. Una vergüenza más, que quedará registrada en la triste historia de la CIE.

Pero no todo son palabras; tan dolientes son esas declaraciones vertidas, como los silencios de las entidades y federaciones que han enmudecido ante este horror que se sucede día a día. ¿Dónde está la FEERI? ¿Dónde FIVASCO, CISCOVA, FIARNARI y la FCIC, que hace tan solo unos días participaban en un debate en el que alardeaban de constituir una alternativa a la CIE,  basado en unos principios democráticos y garantes de las libertades y derechos humanos? ¿Dónde el resto de las federaciones firmantes de ese Manifiesto para liberarnos del yugo de una entidad que menosprecia a las víctimas de la masacre en Palestina? ¿Dónde el resto de las entidades que no se atreven a salir de la parálisis en la que están sumidas y cumplir, al menos, con la obligación humana y moral de alzar la voz ante las injusticias? 

Si comparamos la nota de prensa de la CIE  con  el comunicado emitido por la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), no podemos menos que denunciar a la misma CIE por su incompetencia, actitud adoctrinadora al servilismo y pensamiento deleznable, pues aboga por el continuo callar de los musulmanes, inyectarles el silencio y temor ante la denuncia, apremiándoles a la resignación y al lamento fatalista. Cuando la FCJE defiende el derecho a protegerse, la CIE, en cambio, se empeña en neutralizar la defensa por la justicia y la solidaridad con el oprimido, encomendando a los musulmanes a la plegaria e intercesión divina como único remedio, esterilizando con ello, el alma de todo ser vivo. Una vez más, las siglas de la CIE ejercen un potente efecto somnífero para afrontar la realidad.

Mientras, el horror campa a sus anchas y todo parece haber abandonado a su suerte al pueblo palestino. Creemos que la justicia debe ser real y urgente la búsqueda de una solución que respete a ambas partes. No puede haber justicia ni derechos asimétricos; el pueblo palestino es y será.

 

CIE, servilismo crónico