La Fundación Franz Weber (FFW ha documentado con cámaras ocultas y drones el sufrimiento innecesario en piscifactorías al que son sometidas las especies que más se consumen en España. Doradas, lubinas, rodaballos o truchas son sometidos, según denuncia la fundación, a métodos de sacrificio “desaconsejados” por la comunidad científica y por la Unión Europea.
La práctica del sacrificio en hielo en algunas piscifactorías está muy extendida. No existe el aturdimiento previo. Sumergen a los peces vivos en una mezcla de hielo con agua, o en hielo directamente, lo que produce la muerte de los animales por hipotermia o asfixia. Debido a que el enfriamiento reduce la tasa metabólica y las necesidades de oxígeno, puede prolongar la agonía, y algunas especies adaptadas al frío tardan más de una hora en morir.
Ante la pregunta de cuánto tardan en morir los peces mediante sacrificio en hielo, una de las trabajadoras de una piscifactoría de truchas contestó que “tardan hora y media”.
También se puede observar el hacinamiento de peces en los tanques, las muertes prematuras por las condiciones de producción y el manejo “impropio” de los peces por parte del personal de las piscifactorías. En una de las piscifactorías, una trabajadora informa que solo ese día habían muerto 1.823 truchas. Al día siguiente hubo otras 1.300 muertes.
Desove forzoso
El reportaje de investigación muestra cómo se realiza el proceso de desove forzoso. El animal es anestesiado y presionado en el estómago con fuerza para la extracción de las huevas. El gerente de una de las granjas filmadas explica que el proceso de desove puede provocar heridas o incluso la muerte del pez. El proceso de desove es recurrente cada 7 meses.
Durante el proceso, los animales son transportados a otras instalaciones donde son sometidos a un tratamiento con ozono, un agente oxidante, para adaptar su sabor a las exigencias de otros mercados internacionales. Este método conlleva el hacinamiento de los peces, la succión con una bomba industrial, el transporte y la deposición de nuevo en los tanques. Pasados unos días, serán sacrificados, lo que les llevará a tener que pasar de nuevo por el hacinamiento y la succión, informa la fundación.
Este tipo de piscifactorías cuentan con las características propias de una granja industrial: la concentración de un elevado número de animales de la misma especie en un espacio reducido. Algo que desde la Fundación Franz Weber califican de “bajos estándares de bienestar animal”.
“Lejos de ser casos aislados, constituyen prácticas estandarizadas en las piscifactorías, como se tuvo ocasión de comprobar durante el tiempo de elaboración del video”, explica la entidad.
Granjas terrestres, en el mar o en aguas dulces: “Hay un desarrollo exponencial del sector”
El video se llevó a cabo en 12 piscifactorías, tanto terrestres como marinas. En España, las piscifactorías se distribuyen tanto en el ámbito marino como en aguas dulces (lagos y ríos), o en granjas en tierra firme, dividiéndose en instalaciones terrestres e instalaciones marinas.
En 2016, la producción en España de pescado y marisco de piscifactoría ascendió a 287.281 toneladas. De ellas, la acuicultura marina (peces y mariscos) aportó 269.656 toneladas (94%), y unas 17.625 toneladas correspondieron a la acuicultura de agua dulce.
En cuanto a las granjas terrestres, se filmaron ocho granjas de trucha. Generalmente, las granjas de trucha pueden tener una capacidad de entre 380.000 y 3.5 millones de animales. En una de las granjas más grandes, ubicada en Albacete, su responsable afirmaba tener hasta 3.5 millones de peces de todos los tamaños.
Rubén Pérez, responsable de campañas de FFW califica de “exponencial” el desarrollo del sector acuícola. En su opinión, los últimos avances científicos en fisiología y en cuanto al comportamiento de peces “subrayan la necesidad de tratar el bienestar animal de los peces de acuicultura”.
