El Tradicionalismo identitario 1

* Por Jesús López Gil - Abogado

* La locura identitaria

* "Los blancos, por ley de conquista, por justicia de civilización, son dueños del continente americano, y la mejor seguridad de los asentamientos fronterizos estará garantizada por la aniquilación total de los pocos indios restantes"

El movimiento identitario es tan viejo como el nazismo y el Ku Klus Klan. Desde el siglo XIX, y de la mano del romanticismo ha venido existiendo con diferentes caretas y adaptaciones a la realidad. El movimiento identitario es un dragón con mil cabezas y donde se corta una sale otra. Aunque algunos de manera desacertada quieren hablar de un moderno movimiento nacionalista identitario, lo cierto es que este es solo la adaptación del nazismo derrotado después de la segunda guerra mundial.

El identitarismo en su origen era etnicista y nacionalista. Lo que hacía que primara por encima del individuo su pertenencia a una determinada comunidad, por motivos históricos, culturales o religiosos, de esta manera aparece el nacionalismo alemán, que está unido a la cultura alemana, el nacionalismo croata unido a la religión católica, o el nacionalismo vasco y catalán unido a la lengua.

En el identitarismo hasta el fin de la segunda guerra mundial hay también un soporte racista. Sabino Arana escribirá sobre la raza vasca, Alfred Rosenberg sobre la raza aria y Stewart Chamberlain y Joseph Arthur de Gobineau sobre la raza blanca. L.Frank Baum escribió:

"Los blancos, por ley de conquista, por justicia de civilización, son dueños del continente americano, y la mejor seguridad de los asentamientos fronterizos estará garantizada por la aniquilación total de los pocos indios restantes"

Tras la derrota del nazismo, el racismo va a desaparecer o va a tener un barniz muy tenue. A finales de los años 60 coincidiendo con el mayo del 68, aparece la Nueva Derecha francesa, (Nouvelle Droite), cuyo ideologo principal es Alain de Benoist, quien se califica a sí mismo como gramscista de derechas, no en el sentido ideológico, sino en el sentido de adaptar sus métodos de acción y cambio de la sociedad.

Alain de Benoist y Alexander Dugin, (con su cuarta posición), representan la reacción de la tradición frente a la postmodernidad y el relativismo.

Alexander Dugin dijo:

El orden hegemónico global unipolar debería ser sustituido por un mundo multipolar más realista, con diferentes agrupaciones de ideologías y valores. Valores chinos para China, valores africanos para África, valores musulmanes para el mundo musulmán, valores europeos para los europeos. Si te haces ruso – ¡por favor, hazte ruso! – compartirás con nosotros la tradición, una sociedad conservadora, la monarquía y el autoritarismo, para bien o para mal.(...). En el caso del liberalismo, los liberales no pueden decir que defienden a su Dios. Ellos defienden su única verdad: el relativismo puro, la actitud totalmente nihilista. Tu sociedad podría ser nihilista, pero es tu decisión. Puede ser tu camino, hacia Dios o hacia el diablo, pero es tu decisión. La única cosa en la que insistimos es en que todo el mundo tiene derecho a ser diferente.

Alain de Benoist manifestó:

Una sociedad liberal es una sociedad en la que domina la primacía del individuo aislado, la ideología del progreso, la ideología de los derechos humanos, la obsesión por el crecimiento, el lugar desproporcionado concedido a los valores mercantiles, la sujeción del imaginario simbólico a la axiomática del interés. El liberalismo ha logrado, además, un alcance mundial desde que la mundialización ha instituido al capital como sujeto histórico real de la modernidad. (…). el liberalismo, en la medida en que aboga por la sumisión de la política a las fuerzas impersonales del mercado, es, de hecho, hostil a toda forma de soberanía. Más exactamente, la única soberanía que reconoce es la del individuo. Las naciones y los pueblos no tienen existencia como tales. Como escribe el muy liberal Bertrand Lemennicier, la nación no es más que “un concepto sin contrapartida en la realidad”. Toda identidad colectiva revela, entonces, una fantasía. El individualismo metodológico, hostil a cualquier forma de holismo, es el único medio de analizar una sociedad de la que Margaret Thatcher dijo que “no existe”.

Alain de Benoist y Alexander Dugin creen en la comunidad por encima del individuo y en las civilizaciones por encima de la mundialización del liberalismo cultural y económico. Lo importante para ellos, no es si eres negro, mujer, gay o transexual, sino la civilización a la que pertenezcas. Cualquier rasgo individual es un mero accesorio sin demasiada importancia.