La etapa que se abre ante el nuevo presidente se aparece tan difuminada como la que se acaba. La sorpresiva vuelta a los órganos de la CIE de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, FEERI, ha tenido un efecto de incrédulo escepticismo y no de esperanza en el nuevo ciclo de su participación en la CIE.
Los 8 años de ausencia de la FEERI no fueron aprovechados por sus responsables para estructurar una alternativa de oposición fiable y sólida en sus argumentos. FEERI vuelve a la CIE con las manos vacías. La ausencia de propuestas concretas y realizables, la inexistencia de una estructura administrativa mínimamente eficaz, la carencia de un servicio de atención a propios y extraños, así como un desdibujado planteamiento de regeneración de la CIE, inducen a pensar que será un engranaje irrelevante en la vetusta maquinaria de la CIE.
Benjelloun tiene que hacer frente no solo al muro de la UCIDE, le urge también realizar cambios sustanciales en su organigrama directivo, tanto como que algunas piezas resultan insoportables por su falta de implicación activa y porque su aportación arroja cuentas absolutamente deprimentes, lo que frena y produce graves daños al conjunto de la organización. Si Benjelloun no toma conciencia de sus limitaciones internas difícilmente podrá avanzar hacia otros objetivos.
La reelección de Aiman Adlbi se produce en un ambiente de indiferencia por parte de una gran mayoría de ciudadanos musulmanes. Muchos de los miembros de la Comisión Permanente, CP, el órgano encargado de elegir presidente, acuden a la cita sin los deberes hechos. El continuismo parece ser su santo y seña. Y nada más que añadir. La mayoría de UCIDE en CP, 16 de 25, anticipan que la reelección saldrá adelante sin percances de ningún tipo. Sin embargo, queda el lado ético y moral, sin olvidar el deber al que obliga el servir a la comunidad. Una mayoría de votos no debería impedir escuchar y valorar convenientemente aquellas propuestas que puedan surgir de la bancada en minoría.
La decisión de Adlbi invitando a Benjelloun a la vuelta a la CIE exige una lectura sosegada y acorde con la realidad de la situación.
A la vista de cómo se las gasta UCIDE en su peculiar forma de gestión, con tintes absolutistas muy del gusto estanilista, hay que descartar que la llamada de Adlbi se deba a un impulso de un corazón caritativo que busca redimir sus culpas del pasado; antes bien, hay que resolver que la decisión de Adlbi esconde intereses relacionados en hacer piña con FEERI ante amenazas inconfesables. Habrá que esperar al discurrir de los acontecimientos para descifrar el enigma planteado por Adlbi.
Los últimos 4 años de Adlbi no invitan a pensar que sus nuevas decisiones tengan como objetivo capital revertir la percepción que anidó desde hace tiempo en la memoria de la comunidad musulmana respecto a la inacción y pasividad de la CIE a la hora de atender sus preocupaciones y la búsqueda de soluciones.
La participación y la transparencia deberían erigirse como preceptos fundamentales en la nueva encomienda de Adlbi. Sin eso, todo seguirá igual, desvaneciéndose con ello cualquier esperanza.
