sábado 16/10/21

Obsolescencia programada

* Opinión - Tamara Sebastián es docente de ERI, traductora e intérprete jurado

* "No me interesa hacer una guerra de este escrito pero quisiera, con la sinceridad que caracteriza al lector, que hiciéramos juntos un breve análisis de la situación tal y como la vivimos en la actualidad"
 

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Hoy, 25 de junio, con la resaca de la felicidad de las tradicionales celebraciones de San Juan, entra en vigor la, para algunos ansiada, ley de la muerte consentida. La eutanasia, que tanto anhelan ciertos sectores de la población no es algo nuevo. Si miramos el anteproyecto de ley de la eutanasia, podemos observar el descaro con que atisban sus precursores paliativos el consentimiento acelerador de la muerte por desesperación.
Parece que no, pero nos hemos vuelto muy fáciles de convencer ante cualquier dolor.
No me interesa hacer una guerra de este escrito pero quisiera, con la sinceridad que caracteriza al lector, que hiciéramos juntos un breve análisis de la situación tal y como la vivimos en la actualidad.
Un ser humano que padece una enfermedad llega a unas limitaciones de vida, que le acotan sus deseos y terminan convirtiéndose en pérdida de esperanza y hartazgo de tanto dolor.
Hace poco, podíamos ver en un programa de investigación sobre el tema, a médicos de cuidados paliativos que aseguraban que los pacientes o clientes, como se llaman desde hace algunos años, vienen desesperados al grito de "¡me quiero morir!" y en cuanto se les aplica algún tipo de sustancia que aligera su malestar, dejan de pedir la muerte para volver a respirar con intención de seguir ganando minutos a la vida.
Se me plantea aquí una duda: ¿se trata de libertad individual ante la muerte, lo cual es una decisión muy personal en un estado de derecho, o en realidad se trata de poner un pegote a la falta de desarrollo y tratamientos de medicina preventiva de calidad?
Y de esa pregunta, podemos derivar muchas más. ¿Es realmente un estado de derecho aquel en el que no se protege el principal derecho, que no es otro que el derecho a la vida?
De todos y todas es sabido que la big farma, ya denunciada incluso por premios Nobel y, dados los intereses económicos que comporta, ajenos al interés general de la población, viene manteniendo una estrecha relación con los ministerios de sanidad de todo el mundo en materia de medicamentos. También, sabemos que todos estos tratamientos cuestan un dineral y que pueden llegar a arruinar las arcas del Estado.
Entonces, si realmente nuestros legisladores quieren darnos derechos, me pregunto por qué no nos ofrecen derechos a elegir la vida con una vida de calidad, aire puro, vivienda y sueldo dignos, inversión en I+D, menos estrés derivado de todas ellas…¿quiénes somos nosotros para elegir la vida si ya nos están ofreciendo la puerta a ultratumba dibujando hermosas pirámides donde solo hay agujeros?
Y en nuestro caso, se acaba por alabar al dios Estado, que se erige victorioso en detrimento de unos fieles debilitados por las necesidades de primer orden.
Al fin y al cabo, quien más y quien menos quiere vivir y ultratumba podría dibujarse lejana aplicando sencillas pautas, en lugar de plantearnos si quiera consentir que alguien nos desenchufe de los cánones universales por desesperación.
Pues la mayoría de quienes aprueban esta ley, anhelan una vacuna que los salve de la muerte apuntando a la bioética como panacea de bienestar social.
Paradójica elección.
Veremos qué deparan los Sanfermines.

Obsolescencia programada
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